eyes white shout

don´t let me be misunderstood

.

22 enero, 2017

Una de miedo

.
 


.



Cada vez que un reflejo me mira, la veo.
Veo esa mirada que desearía que fuese ajena.
Ahí está, asustándome: mi mirada de espanto.
De terror vivido  encarnecidamente.
Minuto a minuto, demasiados años.
De crueldad y horror que jamás albergaría pensar una imaginación ya petrificada en pesadillas nocturnas y amaneceres de negruzcos rocíos impuros.

Luego están ellos, los que ya no se van: los vómitos contenidos en el esófago de la desesperación.
Son la denominación de origen, el sello distintivo.
Las lágrimas necrotizadas. Los superficiales las llaman “ojeras”.
Para los que llevan estos heraldos negros, estigmas de un alma enfangada, no tienen nombre.   


Demasiada gente se ha ido de rositas.
Sin que sangren sus pies al pisar las espinas que han dejado en los senderos de nuestras almas.
Se fueron los asesinos de mi padre y los que llevaron  a la miserable muerte en vida a mi hermano hasta que tuvo que dejarse morir;
Se  han librado los que se burlaron de mí en el colegio, en la universidad, en los trabajos.
Se han librado aquellos a los que encima, tenía que esconder tal verdad.

“Que una mentira sea seguida por millones, no la convierte en verdad”.

Aferrada a mi cobardía, también se ha librado el usurpador de los ahorros de toda una vida obrera de madrugones a bajo cero en los gélidos meses madrileños.

Se libraron cada periodista-sicario; cada policía-corrupto; cada forense negligente; cada fiscal-opositor a político, ensayando sin escrúpulos con la vida de un anónimo sin recursos; cada abogado-servidor del diablo; cada testigo falso y cada egoísta del jurado popular; cada funcionario español...
Y fueron muchos.
Muchos más que los de la lista de Aria Stark y The Bride de Kill Bill, juntos.

Y ahora, yo quiero escupirles ya mis palabras atragantadas a todos ellos a la cara, pero no con saliva, ni con mi propia sangre que parece inexistente, ya recortada, sino con una buena bofetada de integridad, de dignidad, a ver si aprenden algo humano y se les cae el alma de vergüenza.
Quizá alguien necesitado de trasplante los recoge y eleva al lugar espiritual que les corresponde.


Y dicen mis Maestras que no albergue en mí emociones de odio ni venganza, que cada cual prosiga su camino.

En el caprichoso tablero de ajedrez donde todo vale, los dioses del Sistema juegan con cartas donde las sotas, están marcadas.
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario